El concepto de externalidades en la nueva Era Digital

El concepto de externalidades en la Era Digital

El concepto de externalidades constituye una cuestión clave para comprender el entorno digital actual. Es un término muy utilizado en economía- sobre todo en disciplinas como política económica o fiscal-, y es en esta materia donde podemos encontrar algunas de las respuestas a las cuatro preguntas que formulamos para conocer algo más sobre el tema de forma rápida y sencilla

¿Qué son las externalidades?

De manera muy general, una externalidad – denominada también efecto externo-  es el beneficio o pérdida en la que incurre un agente económico a causa de la actividad de otro agente económico, sin que medie un pago o compensación entre ellos por esa actividad.

Pensemos por ejemplo en Google, que pone a disposición de los usuarios su motor de búsqueda para que los usuarios puedan realizar búsquedas de información en Internet sin que medie pago o compensación alguna entre ambas partes (al menos, a priori).

¿Qué tipos de externalidades hay?

Las externalidades pueden incluirse dentro de dos grandes tipologías muy relacionadas: positivas/negativas y directas/indirectas.

Negativas y positivas

Las externalidades negativas suponen una pérdida para un agente económico a causa de la actividad  de otro, sin que medie ompensación o relación económica entre ambos.

El ejemplo clásico es el de efecto externo negativo por la contaminación que genera alguien que circule con su coche, ya que nos causa un impacto adverso (externalidad negativa en forma de coste social) sin haber participado en esa actividad. En este caso, el que contamina está considerando solo su oportunidad de conseguir un beneficio, y no el daño o coste social que  puede generar con su actividad.

Las externalidades positivas suponen lo contrario, es decir, un beneficio o impacto positivo. Un ejemplo podría ser la red social LinkedIn, que genera impactos positivos a los usuarios al facilitarles en su plataforma la posibilidad de mejorar su networking, visibilidad o empleabilidad, sin que exista a priori un pago o relación económica entre la plataforma y sus usuarios.

Directas e indirectas

Esta tipología está muy relacionada con el concepto de externalidades de red (1).

Cuando el valor de un producto o servicio percibido por un usuario depende del volumen de usuarios que ese producto o servicio tiene, los economistas afirman que  estamos ante una  externalidad de red. 

En la economía digital,  estos poderosos efectos externos están generados por múltiples plataformas tecnológicas, donde la creación de una masa crítica de usuarios es crucial para su  modelo de negocio, considerando dos enfoques u objetivos que dan lugar a su vez a dos tipos de externalidades:

Externalidades directas

Por una parte, nos encontramos ante el caso de Google, que necesita aumentar el número de usuarios que utilizan el buscador, ya que de esta manera puede conocer mejor su comportamiento, y, por tanto, puede disponer de mucha más información para implementar mejoras en los algoritmos que utiliza para recuperar, evaluar y personalizar la información. No existe compensación económica por parte del usuario, pero el incentivo para el intermediario – en este caso, Google- para realizar estas mejoras es muy grande y beneficia a una gran masa crítica de usuarios. Se trata, por tanto, de externalidades directas.

Externalidades indirectas

Por otra parte, si nos fijamos en el aumento de valor que estas plataformas tienen conforme va aumentando su número de usuarios, nos encontramos ante un caso de externalidad indirecta. Por ejemplo, cuantos más usuarios tenga Google, mayor valor tendrá porque tendrá mayor capacidad de generar una audiencia lo suficientemente grande como para atraer a anunciantes o vendedores a su plataforma, o para ofrecer otros servicios Premium de pago. Lo mismo le sucede a la red social Facebook.

En general, suele tratarse de plataformas intermediarias que conectan las dos partes de un mercado bilateral digital (en inglés denominado “two-sided markets” (2)) para beneficiarse mutuamente de las externalidades generadas, como sucede por ejemplo en el caso de Amazon, que pone en contacto a compradores y vendedores en su gran plataforma de e-commerce, o en el caso de las plataformas de préstamos, que ponen en contacto a solicitantes de financiación e inversores.

Además, en estos casos un aumento o reducción del valor del servicio no implica necesariamente un aumento o reducción en el precio de acceso al servicio por parte de los usuarios. Es más, estos intermediarios están dispuestos a facilitar sus servicios sin coste para el usuario, a cambio de generar la masa crítica necesaria que luego se encargarán de monetizar. Se han convertido en los nuevos intermediarios de Internet.

Pero esta masa crítica puede  llegar a niveles tan elevados  que  corren el riesgo de causar una situación de posición dominante en el mercado, por lo que, para reducir este efecto, lo que hacen es fragmentar y dispersar estas externalidades positivas mediante la apertura de sus plataformas, principalmente a través de APIs, facilitando de esta manera su interconexión, interoperabilidad o portabilidad con otras. Estamos ante el inicio de lo que se denominan los modelos de negocio abiertos (en inglés open business), en los que gran parte de las industrias, más tarde o más temprano, en mayor o menor medida, tendrán que entrar de diversas maneras.    

¿Qué funciones principales realizan los nuevos intermediarios de Internet?

Ampliamente estudiada por los distintos expertos (3) (4), podemos resumir esta cuestión diciendo que algunas de sus funciones principales dentro del ámbito digital son:

  • Recopilan, organizan, analizan y valoran la información que se encuentra dispersa en Internet (por ejemplo, a través de servicios de buscadores y agregadores).
  • Son proveedores de acceso y servicio de Internet (Internet access and service providers o ISPs).
  • Procesan datos y son proveedores de alojamientos web (incluyendo el registro de dominios).
  • Son intermediarios de e-commerce, donde crean plataformas para poner en contacto a la oferta y la demanda, a los compradores y vendedores, y, en la mayoría de los casos, no son propietarios de los productos que se venden en ellas.
  • Facilitan los procesos del mercado, como, por ejemplo, desarrollando sistemas de pago por Internet.
  • Permiten las comunicaciones y relaciones sociales de usuarios, así como el intercambio y agregación de contenidos e información a través de plataformas específicas para ello (redes sociales, blogs, foros, sindicación de noticias, etc.)

En el ámbito financiero, a estos nuevos intermediarios se les denomina empresas FinTech. En España, las FinTech ya cubren las partes más importantes de la cadena de valor de la banca tradicional. Según el último Fintech Radar Spain publicado en finnovista.com  para 2016, más del 80 % de las startups FinTech están centradas en soluciones B2C propias de la banca comercial tradicional, como son: pagos y transferencias (24%),  préstamos (19%), gestión financiera de empresas (11%), crowdfunding (10%), gestión financiera personal (10%) y seguros (8%). 

¿Qué retos principales tienen estos intermediarios?

Al igual que sucede con el resto de participantes de la economía digital, algunos de los retos principales a los que se enfrentan estos nuevos intermediarios pueden ser:

  • Conseguir el equilibrio entre la petición y análisis de información personal a los usuarios y la oferta de servicios personalizados que persiguen. Se trata, en definitiva, de conseguir garantizar la privacidad y la protección de los datos personales de los usuarios en un mundo gobernado por la personalización absoluta de servicios.
  • Conseguir la inversión necesaria para satisfacer la capacidad de demanda que puedan generar y, al mismo tiempo, lograr monetizarla mientras que mantienen el modelo abierto que les ha caracterizado hasta ahora.
  • Garantizar la completa seguridad del usuario al utilizar sus plataformas (ciberseguridad), en un entorno de exigencia de innovación tecnológica continua.
  • Lograr un marco legal específico por parte de las autoridades competentes, para poder realizar su actividad con todas las garantías jurídicas. Este marco debería ser tal que no les reste funcionalidades, utilidad para el usuario o eficiencia.

Con respecto a este último punto, en España la Asociación Española de Fintech e Insurtech   ha lanzado un proyecto de crowdfunding para la “la elaboración de un Libro Blanco Regulatorio que permita a las distintas autoridades entender las necesidades del sector para promover una adaptación regulatoria a las Fintech que desarrollan actividad en España”

Probablemente, en su configuración se tendrán en cuenta factores como la gran diversidad  y heterogeneidad de startups que participan, el grado de  flexibilidad que  se debería contemplar en la adaptación regulatoria,  y los posibles costes que, como consecuencia de la regulación, implicaría una reducción de las externalidades que generan, caso de que ésta se produzca.

Esto es solo el principio del gran cambio que nos espera y al que todos, sin duda, tendremos que adaptarnos de la mejor manera posible en medio de una incertidumbre cada vez mayor.

Referencias y bibliografía recomendada para profundizar más en el tema:

  • del Águila-Obra, A. R., Padilla-Meléndez, A., & Serarols-Tarrés, C. (2007). Value creation and new intermediaries on Internet. An exploratory analysis of the online news industry and the web content aggregators.International journal of information management27(3), 187-199.
Un artículo elaborado por nuestra colaboradora Yolanda Blázquez

Nota: Este es un artículo personal y no representa necesariamente la opinión o la posición de la empresa para la que trabajo

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